* Rosa Jiménez León escribe desde Topeka, Kansas. Estados Unidos

 

Casi 2 meses; 55 días. 1.320 horas. 79.200 minutos. 4.752.000 segundos lejos de mi querida España, o visto de otra manera, cerca de mi nuevo y tan diferente hogar. Comparado con el tiempo que me queda, es relativamente poco, pero posiblemente sean las semanas más importantes y determinantes.

La verdad es que no me había planteado escribir, pero no viene nada mal analizar este cambio taaaan radical.

Empezaré resumiendo mi destino. Estoy viviendo en la capital de Kansas, Topeka, situada al norte del estado. Sí, querías inmersión americana? Pues toma, América pura y dura. Es una ciudad de unos 150.000 habitantes, aunque bastante extensa, tengo que ir a todos lados en coche. Vivo en un barrio muy mono, que rodea un lago tremendo. Mi hfamily es encantadora! Tengo un hbrother de 10 años y una hsister de 17, que va a mi curso. No me imagino lo perdida que hubiese estado las primeras semanas sin ella! Voy a un instituto privado, no es muy grande pero me gusta, es más cercano. No le falta de nada, el mito de los institutos se cumple con creces; taquillas muy altas, gimnasio y comedor de película, autobuses amarillos, tropecientos deportes y clubs (yo estoy en FBLA), mascota (Wildcat en mi instituto, por cierto), cheerleaders y una pasión increíble por el fútbol americano. Y es que aunque haya gente que no lo entienda, nadie se pierde el partido de los viernes! El ambiente es increíble, y en cada partido nos vestimos de un tema. Los partidos suelen ser muy largos, así que la cena de después en algún restaurante sabe a gloria! Además, las clases son muy entretenidas y me gusta mucho la organización del horario (tengo A Days y B Days). A los horarios de la comida y cena me resultó fácil adaptarme, y no están nada mal, y madrugo bastante, pero suelo dormir mucho y bien porque acabo muy cansada todos los días. Buff, aquí la peña no para en todo el día!!! Lo mucho que echo de menos mis siestas no se puede explicar con palabras (aunque siempre saco ratillos).

Casi dos meses aquí me han dado para mucho, han estado llenos de 'primeras veces'. Resumiendo un poco, me comí mi primer s'more en una hoguera con amigos, fui a mi primer partido de fútbol americano profesional (el ambiente del 'tailgating' es lo más!), vi un (intento de) eclipse, también hice mi primer voluntariado con unos Boy Scouts, ¡7 horas! Pero se me hizo más que ameno porque estuve con otros estudiantes internacionales del grupo de mi Area Representative, con los que he conectado de una manera increíble desde el principio (ya los conocía porque hicimos un viaje a la capital de Missouri).

La semana pasada fue Homecoming en mi instituto. No llevé el uniforme ningún día (y aunque es muy mono se agradece cambiar un poco), porque nos vestimos de un tema diferente cada día. El último día tuvimos un desfile con carrozas y por la noche, después del partido, no podía faltar el típico baile de instituto (terminé agotada!).

Me podía imaginar cómo era todo esto por películas o series, pero cada día me sorprende algo nuevo. A veces no me lo creo y tengo que pararme para bajar de las nubes y decirme; hey Rosa, estás aquí, y ahora, así que espabila! Porque todo esto está muy bien sí, pero hay que aprender a sobrellevar una situación nueva, y aprender a manejar emociones que nunca había vivido de esta manera.

Y sí, hay que tener fuerza de voluntad para vivir las fiestas de mi pueblo a más de 7.000 km. Y sí, hay días de bajón en los que me he sentido sola, o un poquillo perdida, y tienes que encontrar consuelo en personas que has conocido hace un par de meses. Pero sinceramente eso no es nada, todo lo que estoy viviendo lo compensa infinitamente. Lo compensa el cariño incondicional de una familia que ha decidido contar conmigo como una más, y que está pendiente 24-7 de que me sienta como en casa. Lo compensa cuando llego de clase y el perro viene a saludarme. Lo compensan las sonrisas en los pasillos y los 'hey Rosie, how was your day?'. Lo compensan todos los lugares nuevos que estoy viendo, y toda la gente increíble que estoy conociendo. Lo compensa la sorpresa que me llevo cada mañana al ver las diferentes siluetas que se dibujan en el cielo de Kansas.

Y es que, cuando se forma ese nudo en la garganta sólo hay que cerrar los ojos, respirar profundo, y seguir adelante, porque de eso se trata, que un día más es un día menos. Un día más para vivir, descubrir y aprender algo nuevo, y un día menos para volver a mi hogar, con los míos. Que no es fácil, y yo eso ya me lo imaginaba, pero sólo hay que cambiar la perspectiva de ver las cosas, y sobretodo vivirlas de otra manera, vivirlas bien. Que sólo es cuestión de echarle ganas!!!!

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